Toluca, Santos,
Pachuca y León. Las semifinales del Clausura 2014 se definieron este fin de
semana y el líder del certamen quedó fuera de la competencia por el título de
Liga. No es la primera vez que el primero de la tabla no se corona campeón del
torneo y que ni siquiera a la final llega. La famosa maldición del Súperlíder
parece respaldarse con datos, pues en los últimos 10 años son cinco los equipos
que llegan a la final después de calificar como primero y tan sólo dos de
éstos han sido campeones. Si es una verdadera maldición o una inexplicable
predisposición por parte de jugadores y técnicos, la realidad es que a los
clubes mexicanos les falta mantener durante la Liguilla la inercia y el nivel
de juego que mantuvieron durante 17 jornadas.
Sin embargo, en
esta ocasión los demonios y fantasmas fueron otros distintos a los relacionados
con el liderato del torneo. Una vez más el Cruz Azul se quedó a medio camino en
la búsqueda del título que no ha llegado desde hace ya 17 años. La Máquina
Celeste, quien fuera campeón por última vez en Invierno del 97, no logra
sacudirse temores pasados y la cruz que carga sobre su espalda sigue aumentando
de peso. El conjunto cementero es una constante en las Liguillas, desde su
último campeonato sólo en ocho ocasiones no ha llegado más allá de la fase
regular. Pero aparentemente la presión por coronarse es tal que por mucho que
se cambie de plantilla, que se contrate un nuevo técnico, el último paso es muy
difícil de dar para los cruzazulinos.
Nuevamente el León
se vistió de verdugo y terminó con la ilusión celeste en este torneo. Ironías
del futbol pues no hay que olvidar que fue la Fiera el último equipo que vio al
Azul proclamarse campeón. Luis Fernando Tena, quien dirigió a los de la Noria
en esa final de 1997, no logró concretar el buen trabajo que había realizado
con el Cruz Azul y es la tercera vez que “el Flaco” es eliminado en cuartos
después de llevar a los celestes a la cima durante la Fase regular (América en
1996 y Pumas en Invierno del 98 frustraron los sueños de Tena). Con 36 puntos,
los cementeros fue presa de sus propios temores y tendrá que esperar hasta el
próximo torneo para regalarle a su afición la alegría de un título.
Independientemente
de fantasmas y maldiciones, la Máquina cementera fue dueña de su propio destino
en esta eliminatoria contra León. Un equipo que fue la segunda mejor ofensiva
del certamen cambia su manera de jugar y se dedica a defender la mayor parte
del partido, es reflejo de que la preparación para afrontar momentos de presión
no es la adecuada, y que el miedo a fallar es más fuerte que la ambición de ser
el número uno. Errores infantiles como perder el balón en la salida, jugar a puro
pelotazo o ceder mucho espacio al rival en la marca sólo habla de la poca
concentración por parte de los jugadores y del técnico, quien no supo manejar
los cambios y en 10 minutos quiso lograr lo que no hizo en casi una hora.
Es verdad que el
peso que los jugadores cargan sobre sus hombros debe ser abrumador. No es fácil
imaginar que con tantos tropezones y derrotas en el historial, en el momento en
que el León anota el 2-1, la sombra del pasado nubla la mente de los jugadores
y recapitular los últimos minutos de la última final contra el América es algo
inevitable. Pero entonces, ¿dónde queda la capacidad para reaccionar ante una
situación adversa? Si el planteamiento táctico era el inadecuado, ¿por qué no
se hicieron las modificaciones necesarias? ¿Qué pasó con la fortaleza de
carácter, la entrega y el coraje mostrado durante 17 jornadas? Todo eso es
olvidado y el esfuerzo de todo un semestre se va por la borda.
¿Por qué es tan
difícil para los capitalinos encontrar el camino de la victoria semestre tras
semestre? Cinco finales perdidas desde 1997, cinco veces líderes de la tabla
general y ni una sola ha dado frutos. ¿Acaso todo comienza desde Billy Álvarez,
que no ha sabido manejar al conjunto, que ha enfrentado casos de dopping,
conflictos familiares dentro de la cooperativa y hasta problemas legales por
presunto lavado de dinero? ¿O realmente es algo más allá de lo futbolístico y
de lo administrativo y la solución está en guías espirituales, chamanes y limpias?
Al parecer ni la misma institución sabe dónde encontrar la solución a su
problema.

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