domingo, 4 de mayo de 2014

Una cruz muy pesada

Toluca, Santos, Pachuca y León. Las semifinales del Clausura 2014 se definieron este fin de semana y el líder del certamen quedó fuera de la competencia por el título de Liga. No es la primera vez que el primero de la tabla no se corona campeón del torneo y que ni siquiera a la final llega. La famosa maldición del Súperlíder parece respaldarse con datos, pues en los últimos 10 años son cinco los equipos que llegan a la final después de calificar como primero y tan sólo dos de éstos han sido campeones. Si es una verdadera maldición o una inexplicable predisposición por parte de jugadores y técnicos, la realidad es que a los clubes mexicanos les falta mantener durante la Liguilla la inercia y el nivel de juego que mantuvieron durante 17 jornadas.

Sin embargo, en esta ocasión los demonios y fantasmas fueron otros distintos a los relacionados con el liderato del torneo. Una vez más el Cruz Azul se quedó a medio camino en la búsqueda del título que no ha llegado desde hace ya 17 años. La Máquina Celeste, quien fuera campeón por última vez en Invierno del 97, no logra sacudirse temores pasados y la cruz que carga sobre su espalda sigue aumentando de peso. El conjunto cementero es una constante en las Liguillas, desde su último campeonato sólo en ocho ocasiones no ha llegado más allá de la fase regular. Pero aparentemente la presión por coronarse es tal que por mucho que se cambie de plantilla, que se contrate un nuevo técnico, el último paso es muy difícil de dar para los cruzazulinos.

Nuevamente el León se vistió de verdugo y terminó con la ilusión celeste en este torneo. Ironías del futbol pues no hay que olvidar que fue la Fiera el último equipo que vio al Azul proclamarse campeón. Luis Fernando Tena, quien dirigió a los de la Noria en esa final de 1997, no logró concretar el buen trabajo que había realizado con el Cruz Azul y es la tercera vez que “el Flaco” es eliminado en cuartos después de llevar a los celestes a la cima durante la Fase regular (América en 1996 y Pumas en Invierno del 98 frustraron los sueños de Tena). Con 36 puntos, los cementeros fue presa de sus propios temores y tendrá que esperar hasta el próximo torneo para regalarle a su afición la alegría de un título.

Independientemente de fantasmas y maldiciones, la Máquina cementera fue dueña de su propio destino en esta eliminatoria contra León. Un equipo que fue la segunda mejor ofensiva del certamen cambia su manera de jugar y se dedica a defender la mayor parte del partido, es reflejo de que la preparación para afrontar momentos de presión no es la adecuada, y que el miedo a fallar es más fuerte que la ambición de ser el número uno. Errores infantiles como perder el balón en la salida, jugar a puro pelotazo o ceder mucho espacio al rival en la marca sólo habla de la poca concentración por parte de los jugadores y del técnico, quien no supo manejar los cambios y en 10 minutos quiso lograr lo que no hizo en casi una hora.

Es verdad que el peso que los jugadores cargan sobre sus hombros debe ser abrumador. No es fácil imaginar que con tantos tropezones y derrotas en el historial, en el momento en que el León anota el 2-1, la sombra del pasado nubla la mente de los jugadores y recapitular los últimos minutos de la última final contra el América es algo inevitable. Pero entonces, ¿dónde queda la capacidad para reaccionar ante una situación adversa? Si el planteamiento táctico era el inadecuado, ¿por qué no se hicieron las modificaciones necesarias? ¿Qué pasó con la fortaleza de carácter, la entrega y el coraje mostrado durante 17 jornadas? Todo eso es olvidado y el esfuerzo de todo un semestre se va por la borda.

¿Por qué es tan difícil para los capitalinos encontrar el camino de la victoria semestre tras semestre? Cinco finales perdidas desde 1997, cinco veces líderes de la tabla general y ni una sola ha dado frutos. ¿Acaso todo comienza desde Billy Álvarez, que no ha sabido manejar al conjunto, que ha enfrentado casos de dopping, conflictos familiares dentro de la cooperativa y hasta problemas legales por presunto lavado de dinero? ¿O realmente es algo más allá de lo futbolístico y de lo administrativo y la solución está en guías espirituales, chamanes y limpias? Al parecer ni la misma institución sabe dónde encontrar la solución a su problema.

Cierto es que el conjunto cementero quiere sacudirse sus males poco a poco. Hace un año fue campeón de la Copa MX y hace unas semanas se coronó en el torneo de CONCACAF. Pero ambos logros semejan a los primeros pasos de un niño pequeño: poco firmes e inseguros. En penales contra el Atlante y gracias al gol de visitante contra el Toluca, ambos fueron “triunfos” sufridos que de no haber sido por la suerte, y las intervenciones del arquero Jesús Corona, se hubieran agregado a la lista de finales perdidas. No obstante, es el título de Liga el que verdaderamente importa y el que espera con ansias la afición. No se trata de menospreciar los otros dos títulos y que bueno que se haya dejado a un lado el mote de “Subcampeonísimo”, pero hasta que no se gane en el campeonato mexicano, el Cruz Azul seguirá atormentado por su pasado y la cruz que lleva encima se hará más pesada en cada momento que, lamentablemente, terminará por aplastarlo.

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